Un recorrido por lo más destacado de la semana más importante del diseño a nivel internacional.

Entrada a los Salones de Rho Fiera. Foto: Alessandro Russotti

Stand de Magis. Foto: Saverio Lombardi Vallauri

Euroluce | Foto: Annalisa Cimmino

Stand de Artemide en Euroluce. Foto: Annalisa Cimmino

Stand Gervasoni

Stand de SA Möbler AB en el Salone Ufficio. Foto: Annalisa Cimmino

Stand de Kartell. Foto: Saverio Lombardi Vallauri

Una de las oficinas propuestas por Jean Nouvel. Foto: Saverio Lombardi Vallauri

Corteza de alcornoque utilizada por Tania Da Cruz para revestir su stand y lámparas…

El chileno Matías Ruiz se hizo merecedor de una Mención Especial en el SaloneSatellite…

Lámpara Alessi

¿TODOS LOS AÑOS LO MISMO?

Es predecible que abril es el mes en que se repite anualmente la Semana del Diseño en Milán. Es predecible que todos los años los expositores vayan a “tirar toda la carne a la parrilla” (tan del Cono Sur que es este refrán). Es predecible que vas a quedar agotado de tanto recorrer, y con el disco duro lleno de imágenes, ideas, ladrillazos de cultura y vanguardia que te tomará mucho tiempo procesar y “guardar”.

Lo que no es predecible es qué te va a producir todo lo anterior: dónde, en qué momento, pabellón, esquina, stand, cortijo o showroom vas a quedar boquiabierto… En qué aperitivo vas a conocer a algún diseñador con el que vas a conversar con ganas, hasta que te echen del lugar (para luego irse a otro aperitivo o a un bar), o vas a ver ese proyecto en que dices “¡¿Cómo no se me ocurrió a mí?!”. Y estoy seguro de que eso nos pasa a los diseñadores muy frecuentemente… ¡Pues acá, pasa más! 

La Semana del Diseño es de una efervescencia para nada típica de Milán. Los milaneses son personas contenidas, distantes, sonrientes como desconocidos, de patios interiores y palabras justas. Pero gentiles como anfitriones y, a veces, muy entusiastas… ¡Muy!

Durante esta semana se abren los patios, se orienta al turista con una broma pasajera, se habla de diseño sin desconfianzas ni celos profesionales. Con el pecho inflado y una copa en la mano. El metro, las veredas, los bares y tranvías se llenan de gente de diferentes razas, idiomas, estilos de pelo, ropa, lentes y edades. Todos hablando al más puro estilo Torre de Babel o bar de Tatooine en StarWars. La ciudad, con sus habitantes flotantes duplicando la densidad de población, se echa por la ventana, y uno no sabe qué cosa es parte de una mudanza o una performance, qué es mobiliario urbano o puesta en escena. Qué es tendencia, vanguardia, “bluff” o refrito. Diseño. Todo Vale. 

Quien se tome esta Semana en serio, no debiera improvisarla. Pero seamos sinceros: toda planificación posible va a verse sobrepasada por las circunstancias del día a día y, si no eres flexible, lo vas a pasar mal. O sea que “no improvisar” es, en realidad, buscar un punto medio entre tus intereses y las tentaciones que Milán te a va poner por delante; entre saber lo que no te puedes perder y lo que puedes postergar por una sorpresa inesperada o una conversación incortable.

Si bien es recomendable empezar a mirar por Internet qué te depara Milano estos días, lo más útil es llegar un par de días antes y buscar los folletos que tienen la planificación diaria. Hay varios gratuitos de muy buena factura y contenido (Milano Zero o el de revista Interni, por ejemplo). Con estos folletos, un mapa de transporte público y un cuadernito de bolsillo, uno puede organizar dónde ir y a qué hora. Pero, ¡ ojo!, es muy posible que muchos trayectos se vean saboteados por la aparición de un imprevisto aperitivo. Y sin querer hacer sufrir a nadie, ni dármelas de atleta masoquista, creo que la forma más provechosa de recorrer la ciudad en estas fechas, es a pie… O por lo menos, las zonas de mayor concentración de actividades, como Zona Tortona o Ventura-Lambrate. 

IL SALONE: PROTAGONISTA DISCUTIDO

En las afueras de Milán hay un sector que se llama Rho Fiera, al cual se accede en metro, bus o tren de superficie. Son 70 hectáreas acondicionadas para exposiciones, con enormes pabellones, con sectores de carga/descarga, amplias vías, un boulevard central techado y un edificio para la organización y prensa. Es un espacio que parece no tener límites, y que puede reconfigurarse para diversos tipos y tamaños de exhibiciones; muchas de ellas, simultáneas.

La única exhibición que ocupa toda esta enorme infraestructura es, precisamente, Il Salone del Mobile, que este año celebró su 52da versión. Si empezamos por un par de datos, este año se vendió sólo un 70% del espacio expositivo disponible; pero eso se tradujo en pasillos más amplios y una vista más despejada. Sobre 320 mil visitantes este año (también ha habido mejores), viniendo de 160 países. En esta edición, tocaba Euroluce, exposición bienal del área iluminación, que es un atractivo adicional.

El resto del Salone es un espacio literalmente inabarcable, que requiere disciplina y constancia para poder ver entero -o selectividad e información privilegiada, para saber “qué vale la pena”, que para algunos, es prácticamente todo-. Cuando uno es un afortunado con acreditación de prensa, el Salone es un lugar mucho más grato. Pero el primer día iba a ser previsiblemente el desembarco de Normandía en versión tropas aliadas de periodistas que trataban de traspasar la Omaha Beach de las acreditaciones.

Apenas una hora después de haber llegado al recinto, logramos llegar al centro de prensa. Ahí -y tras recibir la mochila de material oficial y tomar un rico café con facturitas y pastelito, comenzamos la odisea Salone, que duraría dos días y medio. Por eso venden los packs de tickets para tres días que, al principio, parece una exageración. Son más de 2500 expositores… Supongan que a cada uno le dedicas un minuto: ya tienes más de 41 horas de caminata, ¡uff!

Como decíamos antes, este año, tuvimos la muestra bianual Euroluce, en donde hay desde objetos o instalaciones conceptuales, hasta las marcas y productos que dictarán tendencia en un futuro inmediato. Obviamente, está lo último en tecnologías y materiales para iluminación. Pero eso no me llamó tanto la atención, como sí otros ejemplos de productos que destacaban por su simpleza, elegancia y uso noble de los materiales (que no es lo mismo que uso de materiales nobles).

En general, esta ha sido una de las características de este Salone: materiales tradicionales, viejas técnicas, nuevos lenguajes. En Euroluce, esto se hizo notar tanto como los intentos desesperados de llamar la atención con recursos opulentos y ostentosos, tanto por morfología como por materiales y técnicas de construcción. Es un contraste no tan evidente para quien tiene una mirada desprejuiciada del diseño. 

La otra faceta imperdible del Salone son las grandes marcas o aquellas más icónicas, como Moroso, Magis, Flos, Kartell, Edra, Casamanía, Ligne Roset, Vitra, Desalto, Poliform, Porro, Driade, Cappellini, Meritalia, Emu y Artek, entre otros. En mis artículos publicados en 90mas10.com, con el recuento día a día, mencioné a la empresa Visionaire como una destacable (http://9010.co/ZnsJQd), por lo polémico e inusual de su propuesta, que aún estoy digiriendo.

Esta vez, quisiera detenerme un poco en Alessi y Gervasoni, por diferentes motivos. Alessi, porque constituye siempre un referente -tanto de tendencias, como de vitrina de “en qué están los diseñadores importantes que Alessi elige para sus líneas de productos”-. Esta marca presentó varios productos diseñados por autores consagrados que tienen, a pesar de lo variopinto de la exhibición, dos líneas divergentes: una que va por lo vintage y una estética simple (pero no simplona), y otra que se mueve entre lo lúdico y orgánico. En esta última línea, hubo objetos que me recordaron mucho al trabajo que el argentino Patricio Lix Klett viene haciendo desde hace años. Y no es lo único que me pareció como visto en estas latitudes anteriormente.

Por otro lado, Gervasoni -que tiene un estilo de diseño muy diferente al de Alessi- merece una mención por su “puesta en escena”. Todo su stand fue una instalación modular, a partir de “bandejas plásticas” blancas, con un patrón pseudo-mudéjar, que recordaba mucho a las mezquitas, y que servía para enganchar, traspasar, fijar y colgar prácticamente todo lo expuesto en el stand (de un tamaño considerable). Esta solución simple, funcional y bella competía a la par con los objetos a cuyo servicio debía ponerse. Y ése es el punto que hace difícil emitir juicios: ¿felicitamos al diseñador del stand por hacer que el “fondo” sea la muestra, o le tiramos las orejas por “sabotear” todo lo exhibido a la sombra de su instalación? Euroluce – photo by Annalisa Cimmino + Stand de Artemide en Euroluce. 

OFICINA PARA VIVIR

Dentro del SaloneUfficio de este año, el francés Jean Nouvel tenía un lugar preponderante, con su instalación “Project: Office for living”. Nouvel -de 68 años- es arquitecto, ganador de premios como el Wolf Prize in Arts (2005) y el Pritzker Architecture Prize (2008).

Lo que plantea con esta obra es algo bastante lógico, pero que solemos dejar pasar inadvertido: la oficina es un espacio en donde no sólo se trabaja, sino donde se vive. Se pasan más horas del día y se enfrentan más situaciones personales en la oficina que en la casa, sin perjuicio de que lo que pasa en la casa sea más trascendente.

Esta premisa es revisada desde cinco puntos de vista en cinco espacios cerrados, conectados entre sí, que van desde lo retrospectivo a lo vanguardista, dando a entender las diferentes relaciones de creatividad, inspiración y goce que pueden lograrse en un espacio acondicionado correctamente. Una especie de manifiesto práctico-conceptual. El espacio se puede recorrer en más o menos una hora, en la que uno aprende y reflexiona mientras se sorprende, camina, toca, intrusea y, sobre todo, engancha con este planteamiento de que los espacios de trabajo son espacios vivos y vivenciales.  

TODO MENOS EL “ARROZ GRANEADO”

En el mismo pabellón 24, donde se encontraba la muestra de Nouvel, se alojó el SaloneSatellite, el máximo imperdible del Salone. Este espacio, del que ya hablamos harto en el post de la premiación (el primero de toda la saga en nuestro Website: http://9010.co/11ZdfCu), es de acceso gratuito (a diferencia del Salone mismo), y alberga a los que ya no son tan principiantes, pero tampoco consagrados. 

Cada año capta más atención, gracias a la frescura, atrevimiento e impredictibilidad de sus expositores. Acá, uno puede encontrar desde independientes, colectivos y agencias “frescas”, hasta stands representativos de países como Chile, que organizó una muestra a nivel gubernamental, para traer algunos diseñadores en sintonía con la imagen país que se quiere proyectar. Uno puede saltarse muchos pabellones en esta giganto-exposición; pero éste, no. Si bien el Salone lleva 52 años realizándose, el Satellite sólo lleva 15 años. Su crecimiento ha sido exponencial, pero controlado, y su oferta en cuanto a variedad de proveniencias, especialidades, estilos y grupos objetivo mejora cada año. 

Cada año, se hace una premiación para los diseñadores emergentes más destacados en la muestra. Se trata de un incentivo muy importante, pues además del reconocimiento y popularidad asociados a la distinción, existe una recompensa en dinero. No es el móvil que trae a tantos autores a este espacio, pero es un plus no menor.

Este año, el primer premio recayó sobre Tania Da Cruz, una diseñadora de ambientes y objetos de origen portugués, pero que vive en Milán desde hace años, y expuso un stand ambientado usando un mismo material para revestimientos y cuerpo para lámparas colgantes. Y se trata nada menos que de corteza de alcornoque (de donde se obtiene el corcho), cortada con sierra que, por fricción, le da el color “quemado” y conserva ese olor también. Es un material natural, sin aditivos, y de duración efímera (por ahora). Por su materialidad y forma, este elemento presentado como un módulo base es aplicable de diversas maneras, y es acústico y termo-acústico, además de brindar una sensación táctil muy agradable. La innovación no siempre se expresa morfológicamente. Este proyecto es una combinación de astucia y sensibilidad, propias del sentido de mediación e innovación del buen diseño.

Todo un personaje en el SaloneSatellite es su curadora, Marva Griffin Wilshire. En realidad, ella es el motor que empuja el Satellite, que recorre el mundo promoviéndolo, “cazando” talentos menores de 35 años (requisito para estar en este espacio), y abriendo una ventana de frescura al diseño, que a veces por vanguardista, es incomprendido. Esta periodista de origen venezolano se toma muy en serio su trabajo, y la verán siempre ocupada, de un lado a otro. Aún así, de vez en cuando, se toma un tiempo para explicarte cosas invisibles del Satellite, y poner en valor lo que no es evidente de esta exposición, como espacio de encuentro y convergencia.+

Esta nota se publicó en la edición #44 de Revista 90+10.

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