Los contrastes de la Feria de Milán, desde la mirada de un pequeño de cinco patas.

El banquito Matero en el Salón del Mueble de Milán

El banquito Matero visitó el stand de Kartell

En Moroso, Matero se hiso muy amigo de los poufs “Anomaly”, del estudio Front

Matero junto a los banquitos de Valsecchi1918

Matero en el stand de Dedon

Matero en el stand de Cassina

Matero en el stand de Emeco

Matero junto a los muebles de los Hermanos Campana, en el stand de Edra

Matero junto a los taburetes de corcho de Jasper Morrison

Matero junto a clásico de Alvar Aalto, reversionado por Hella Jongerius

Matero junto a las mesas de mármol de Zaha Hadid para Citco

Matero junto a una interpretación de Tusquets, de un cuadro de Dalí

Se los presento, es el banquito Matero; no tiene nombre de fantasía, es lo que es. De origen patagónico, surgió por allá, en el 2002 ó 2003. Con los años se fue haciendo conocido, generó contactos (networking que le dicen), hizo amigos entre colegas nacionales, formó con algunos el Movimiento Nacional en Defensa de los Derechos de los Banquitos Materos (http://banquitos-argentinos.blogspot.com.ar/), con la idea de desmitificar a las “sillas” como únicas capaces de tener reconocimiento en el mundo del diseño.

Un poco rústico y campechano, es un tipo arraigado a su tierra, pero también curioso y aventurero. Este año, tuvo la suerte de ir a representarnos a la Feria del Mueble de Milán. Argentina tuvo su stand, y su empresa creadora (Designo Patagonia) estuvo allí, con otras cuatro empresas emergentes. El banquito matero no aguantó quedarse quieto, y fue a recorrer la Feria.

El primer punto que le impresionó fue la cantidad de gente: el primer día, una muchedumbre interminable se abalanzó a los molinetes; muchos, desesperados por ser los primeros en descubrir las primicias, los lanzamientos. Según los números, más de 350 mil personas visitaron la Feria. En segundo término, el tamaño de la muestra: pabellones inmensos, escaleras mecánicas, cintas transportadoras, cafés, restaurantes, kioscos de revistas…. En fin, prácticamente, una ciudad.

Arrancó visitando, como muchos, los stands más prometedores, como el de Kartell, Driade y Vitra. Consideren que un tipo de estepa y de montaña, se sintió bastante como sapo de otro pozo. En Kartell, todo era dorado, brillante, transparente. En términos design, todo era “flashy and glamorous”. Se preguntó si existirá algo después del dorado. En el stand de Edra, se encontró con las estanterías y otros productos de los Hermanos Campana, y ya se sintió más a gusto, como en familia. En Moroso, se hiso muy amigo de los poufs “Anomaly”, del estudio Front. Forrados en una pieza de cuero, estos zoomórficos personajes generaron impresiones contradictorias entre los visitantes.

Algunos de los stands que más le gustaron al petiso fueron el de Dedon -un paisaje como de papel recortado- y el de Cassina, con árboles colgantes y canto de pájaros. Otros banquitos que conoció en su recorrida fueron los de Nendo para Emeco, empresa que sigue fabricando esas sillas de aluminio de los 50, las Navy Chairs. Y estos de Valsecchi1918 le cayeron bien; aunque un poco “intelectualoides”, su onda bohemia era piola. Hubo encuentros memorables con algunos grandes, casi próceres. Por ejemplo, se topó con el octogenario clásico de Alvar Aalto, reversionado por Hella Jongerius. También con los taburetes de Jasper Morrison que, en términos de personalidad, le parecieron “medio de corcho”.

A su vez, nuestro banquito matero tuvo la oportunidad de conocer algo del mundo de Zaha Hadid: aquí, en colaboración con una empresa italiana (Citco), fábrica de mobiliario de mármol y otras piedras. Pero desgraciadamente, estos seres amorfos se ofendieron con él, porque no eran bancos, sino mesas. Por el desliz, ¡lo echaron del stand! Instintivamente, se acercó a esta oveja. Resultó ser una interpretación de Tusquets, de un cuadro de Dalí. Entre obra de arte, mesita de apoyo y mesa de luz, fue un agradable encuentro con el surrealismo.

Luego de tanto caminar, nuestro banquito matero quedó agotado. La Feria de Milán es gigante, y para un pequeño latinoamericano, fue abrumador. Ver esas grandes empresas en enormes stands haciendo grandes negocios… De todas maneras, la experiencia fue enriquecedora, desde todo punto de vista. Conoció cómo se juega en las grandes ligas, y también cómo los más pequeños e innovadores, se catapultan en el Fuori Saloni. Llegó a la conclusión de que el diseño sudamericano –definitivamente- se la banca, en calidad, originalidad y precio. Esto, según él, implica que hay grandes chances de exportación de diseño argentino.

Luego de una semana en esta capital del diseño mundial, el banquito matero juntó sus pocos pertrechos, y enfiló al aeropuerto, para retornar a su querida Patagonia.+

Esta nota se publicó en la edición #49 de Revista 90+10.

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