Arte elevado. Entre el cielo y la tierra.

Mural Martín Ron

Mural Martín Ron

Mural Martín Ron

Mural Martín Ron

Mural Martín Ron

Mural Martín Ron

Mural Martín Ron

Mural Blu

Mural Blu

En un día gris, fui a buscar color, un poco de flaneur cargado de mucho voyeur: salí a mirar por ahí, a caminar, a calentar el ojo…

Doblé aquí, allá, por las calles de Villa Urquiza, en Buenos Aires, que ofrecen una galería de arte a cielo abierto y se ha convertido (por suerte o destino) en el primer distrito de arte urbano porteño. Y de pronto, frente a mí, contrastando el cielo gris, se manifestó como una revelación, un muro con un cielo celeste, como una metáfora de la escena esencial de The Truman Show. Sólo que esta vez, no era un muro para atravesar, sino un muro para fundir la mirada en él: este cielo contenía un sueño.

“Un chico recién pintado en la pared cae en un ensueño, sentado en su skate. La fantasía estalla en el muro. Sobre otro skate gigante, la escultura de un niño desnudo escucha a un papagayo a través de la bocina de un fonógrafo. Un hombre es arrastrado de los pelos por una avioneta. Y una mano emerge y parece alimentar a una abeja, al lado de un disco de vinilo”, dice Nora Sánchez, en una nota sobre Martín Ron, autor del mural.

Quedó atrapado en el muro por la escala, que ocupa todo el campo visual, por la contradicción existente en la relación de la contundencia del edificio y lo irreal del sueño, por la destreza del artista, su virtuosismo, el despliegue de la narrativa discurriendo a lo largo de la pared, subiendo y bajando, acompañando la forma irregular del edificio, la oferta disruptiva del paisaje en el continuo urbano. Y pienso: esto es un arte elevado entre el cielo y la tierra.

Pensé que sería buen tema para un texto breve, y que con la excusa de cumplir un año de su creación, hablemos del mural más grande de Buenos Aires: 14 metros de alto por 25 de ancho. Muchos lo conocen, pero para quienes no viven en esta ciudad, en la calle Holmberg, en el barrio de Villa Urquiza, se encuentra un mural de más de 400 m2 de superficie, cuyo autor (Martín Ron) se ha convertido en uno de los artistas más destacados de la escena del street art por su impronta hiperrealista, cargada de un realismo mágico, que él mismo define como surrealismo urbano.

En la cuadra siguiente, otro mural inmenso, distinto, despojado de color, pero de formas dominantes y poderosas, pertenece al artista italiano Blu, que fue el primero en apropiarse de este corredor en la calle Holmberg, que posee una plazoleta con esculturas de Clorindo Testa. Matt Fox-Tucker, periodista inglés, comprendió la oportunidad, la fuerte pulsión creativa, y fundó Buenos Aires Street Art para guiar recorridos de graffitis en Colegiales, Palermo, Saavedra y Villa Urquiza, y convocó a Martín Ron para pintar el mural del que hablaba al comienzo.

Me pregunto qué pensaría Umberto Eco de estos gigantismos; me pregunto también si los tangueros de aquella Buenos Aires que parece tan lejana, tan opuesta, dueños de una melancolía gris y opaca, habrían imaginado esta Buenos Aires atrevida, colorida, plástica, esbelta, grandilocuente…

“A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires, la juzgo tan eterna como el agua y como el aire”. Jorge Luis Borges.+

Latido nuclea proyectos visuales contemporáneos argentinos, realiza exhibiciones de arte y diseño, y promueve libros y objetos de autor, así como productos de diseño. Fabián Trigo es su director creativo.

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