Es la voz de nuestra generación de mujeres, por más de que no se considere femenina. Sus historietas representan al género, llenando con su estilo propio el tremendo hueco que dejó Maitena. Alejandra Lunik entró en nuestras vidas de manera popular a través de Lola, su personaje en la revista Ohlalá! Nos cuenta acerca de sus comienzos, sus contradicciones, y de la lucha constante entre la calidad y la demanda de su producto. 

Alejandra Lunik

Tapa libro “Lola” de Alejandra Lunik

Ilustración para Nike – Alejandra Lunik

Ilustración para Twistos – Alejandra Lunik

Ilustración de Alejandra Lunik

Ilustración de Alejandra Lunik

Ilustración de Alejandra Lunik

COSA DE NENAS

La pelea interna del artista es muy común, hasta un cliché se podría decir, y Lunik no es la excepción, en esto, al menos. Después de hacer la carrera de magisterio de dibujo en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano, seguida de una especialización (sin terminar) en escultura en la Pueyrredón, allá por 1998, empezó a trabajar para Cebollitas, la revista de un programa para chicos de Cris Morena. (¡Qué contraste con su actualidad!). Después, ilustró por un tiempo tapas infantiles para la editorial Santillana -desde acá, para Miami-, logrando así ahorrar para comprarse su casa.

“Lo infantil era súper “cute”, nenitos cabezones, sin articulaciones. Para mí, que venía de Bellas Artes, era muy forzado trabajar así; me costaba un montón. Me metí en eso porque soy muy poco inteligente [carcajada]. Siempre intento donde no se puede, como el cartel de tire y empuje. En el 2005, me empecé a dar cuenta de que no podía más, por más de que ganaba muy-muy bien. Fue difícil, pero puse el laburo a un lado, y usé mis ahorros. Sentía que estaba todo el tiempo reprimiendo lo que quería hacer. Pensaba que, tal vez, lo que a mí en verdad me gustaba era mersa, porque tenía mucho amigo diseñador que hacía diseño de personajes de animalitos”.

A modo de catarsis (creo yo) y estrategia, en el 2007, Lunik eligió salirse el sistema, a través de una muestra en el Centro Cultural Recoleta, dejando atrás su trabajo infantil hasta entonces sobre una pared, enfrentada por su futuro éxito en la pared adyacente. Me pregunto qué hubiese pensado yo como espectadora de aquella combinación incongruente, pero creo que es lo que a ella menos le importó, siempre y cuando, esa acción lograra cerrar y sellar un capítulo, para darle la bienvenida al próximo.

Evidentemente resultó, porque gracias a la muestra, fue descubierta por Ohlalá!, y al año siguiente, se sumó a su staff como ilustradora. “Siempre tuve mi corazón en la historieta, como una especie de capricho. Ya había hecho historieta con más guiones ajenos que propios. Un par de años más tarde, cuando me avisaron de que iban a buscar a una humorista, les pregunté si podía probar, y quedé”. Y así fue cómo el mundo conoció a Lola, ya que Lola ya existía, pero vivía de incógnito.

MUJERES MADURAS

Lunik se describe como metódica, obsesiva, pesimista insegura, pragmática, dura y cero femenina (¡si!). “La gente me dice que mi trabajo es femenino, pero yo siento que es unisex -o eso querría-; más bien me considero una varonera de libro. Pretendo siempre jugar de igual a igual. Por eso también elegí el campo de los varones, que es la historieta. Creo que hay muchas cosas para cuestionar en nuestra interacción con el sexo opuesto”. Se siente una “wannabe”, o sea, alguien que quiere ser algo que no es, mirando todo desde afuera, pero sin poder entrar. Entonces, vuelvo a ver esa lucha interna que enloquece al artista, pero que, a su vez, es precisamente lo que hace que quiera ser cada vez mejor. Es esa misma contradicción del éxito que nunca es suficiente, donde la carrera ya no es con el de al lado, sino con uno mismo. “Me la paso mirando dibujantes, estoy todo el tiempo buscando mejorar y aprender de los demás; hago muchas preguntas. Así que no me quedo en un lugar estático, siempre busco estar mejor”.

Ahora que entiendo un poco la personalidad de donde salen la línea y el humor de Lunik (algo así como un enfrentamiento constante entre la mujer y su género), paso a preguntarle acerca de su estilo y su técnica, para poder comprender por completo su proceso creativo. “Mi estilo dicen que se llama `Línea clara´, una corriente que empezó en Bélgica, y se hizo famosa con el personaje de Georges Remi, Tintin, en los años 30. Básicamente, se trata de dibujar todo. Mi técnica es similar cuando hago ilustración y mi página de humor: leo el texto, describo una escena dando una opinión narrativa, y después tengo un ida y vuelta muy intenso entre la impresora y el scanner. Escaneo, lo llevo a línea azul, lo imprimo y dibujo encima en negro, con más detalles. Hago esto unas tres veces. Para separar a la ilustradora de la humorista gráfica, cambio las herramientas: a Lola la hago con plumín, en ilustración es todo con pincel. Con Lola uso un papel satinado, y en ilustración, elijo papel de acuarela súper rugoso. Coloreo digitalmente en Photoshop por sólo cinco minutos. ¡Odio la computadora para trabajar!”.

LA LUNIK

Una de mis frases preferidas en nuestra entrevista es: “Yo creo que todo tiende a ser una mierda si lo dejás…”, dicha con una sonrisa sincera, y con un aire de optimismo que contradice, una vez más, a la gran pesimista que ella cree ser. Lunik simboliza a la mujer actual: con pensamientos propios, y la eterna idea de cuestionar y promover el cambio, tanto consigo misma como con el sexo opuesto. A través de su personaje, Lola, humoriza los pesares propios que, sin duda, reflejan a las lectoras de la revista Ohlalá!, entre las más leídas en la población femenina argentina. Este dato solamente debería darle una sutil noción de su alcance, sumado a los 196 mil seguidores que tiene en su página de fans de Facebook. O no. Tal vez sea mejor que no sepa cuán lejos está llegando, así mantiene esa espontaneidad tan fresca, que cae bien con sólo saludarla.

Y hablando de mujeres que llegaron lejos, ahora viene la inevitable comparación con Maitena, cosa que detesta, pero entiende como halago. “Como la conozco, creo que es una mina mucho más valiente que yo, porque tuvo hijos de joven y de grande… Y siempre hace lo que quiere. Me identifica que ambas hablamos abiertamente de las cosas que nos molestan. Maitena habla mucho desde lugares comunes que una tiene con las mujeres. En el dibujo, sin embargo, no me identifico en nada: a Maitena no le gusta dibujar, y a mí me encanta. Igual, cuando me comparan, siento que pierdo siempre”.

Además de la historieta Lola, y sus comienzos en la ilustración infantil, Lunik también ha incursionado en la publicidad, un complemento recurrente para la financiación exitosa de la carrera de un artista, especialmente, dadas las circunstancias locales. En el 2011, Nike de Estados Unidos le compró una imagen que fue exhibida en el atrio principal del World Bank en Washington, D.C. donde, a su vez, la llevaron para trabajar en vivo durante tres días en el medio del tráfico de gente. La campaña se llamó “The Girl Effect”, y tenía como objetivo recaudar fondos para la educación de niñas en barrios pobres.

Twistos (2013) y Skip (2014) la pusieron a cargo de los posteos de sus páginas de fans, usando sus tiras de humor gráfico como táctica, para un contacto más personalizado con sus consumidores. Otros clientes incluyen campañas para Frávega, Temaikén y Puma. Con casi veinte años de carrera, ¿ahora qué? “Tengo el proyecto de `Lola 2´ para el 2016 con Sudamericana. La verdad, me gustaría llegar a ser alguien que tiene asegurada la edición de un libro, como esos autores que tienen un público cautivo, ávido de sus historias. Me gustaría tener eso, continuidad”.

LOLA.

Antes de encontrarme con ella, fantaseo con cuán viva estará Lola para la Lunik… ¿Soñará con ella? ¿La extrañará cuando está de vacaciones? ¿Le será insoportable por momentos su constante protagonismo? Me fascina la creación de un personaje, debe ser como tener un hijo de quien querés estar eternamente orgulloso, pero sabés que no siempre puede ser así; que se va a medir todo el tiempo con vos mismo, y a su vez, te va a acompañar de manera inherentemente incondicional, aún después de tu propia existencia.

“Como lectora de historietas, trato de romper los clichés de las mujeres; es parte del conflicto con mi personaje. Lola es un producto al que tenés que responder, trabajando en una revista que tiene determinadas características. Hay una bajada editorial importante, y eso genera una presión que hace difícil mantener la calidad del producto, sin aferrarte a la fórmula que sabés que ya funciona. Yo me quiero respetar también, viste, al fín y al cabo, uno es un laburante. Empezás una carrera queriendo ser artista, y después, ese arte que pensaste que te iba a llenar el alma, de pronto es el medio con el que te ganás la vida”.

El desafío más grande del personaje es tener constancia, credibilidad, y un público que lo adule. Lunik construyó cada uno de estos aspectos, recordando siempre las sabias palabras de su padrino en la historieta, el legendario historietista Horacio Altuna: “Piba, que te paguen por aprender”. Lola, me cuenta, no nació de un alter ego (como uno podría suponer). De hecho ,intentó en un principio usarla a modo de terapia, pero le salía material demasiado oscuro. “El factor principal en la creación de un personaje es el tiempo que te lleva dibujarlo, y el que queda, es el que te es más fácil de dibujar. Después, le vas adjudicando características de personalidad, cosas que salen de tus experiencias. Lola es la síntesis de todas las cosas que a mí me salen dibujar bien. Si no la dibujase más, supongo que la extrañaría. No sé. No es que no la quiera, me pasa que no puedo separar al personaje de mí; me cuesta hablar de ella en tercera persona. Lola refleja cosas que pienso yo, y sí, tiene ciertas expresiones que no soporto, como cuando se hace la superadita”. Tal cual como pasa tantas veces con los hijos.

A Lola se la puede ver en todo su esplendor en el libro titulado bajo su mismo nombre, editado en el 2013 por Editorial Sudamericana.+

Esta nota se publicó en la edición #51 de Revista 90+10.

¿Te gustó la nota? Dejanos tu comentario.

comentarios

Send this to a friend