El diseñador de libro de artista tiene que involucrarse con el autor y su obra, que es el objeto de enunciación del libro, pero también del propio artista. Este es un relato de cómo diseñé el libro de Marcela Astorga. Comparto con ustedes alguna correspondencia y algunas de nuestras charlas.

Texto: Fabián Trigo para Latido

La obra es lo más íntimo y sagrado que un artista posee, y como tal, hay que dejarse atrapar en su ensoñación.

“(…) Adorno y Derrida describen el estatus de la obra de arte mediante su negativa a la apropiación a través del entendimiento. Ellos dicen que el arte es negativo, en tanto que éste se cierra en su literalidad errática a la ​traducción a su espíritu; en su libre juego de significantes, a la reducción a su significado; en su superficie impenetrable, a la transición hacia una esencia más profunda”. Estética y negatividad. Christoph Menke.

Estoy diseñando el libro de Marcela Astorga, una artista cuya obra me interesa especialmente por su singularidad. En el proceso de diseño del libro de autor, el diseñador tiene que sumergirse en la profundidad de la mirada del artista: es una tarea similar a la de un laborista observando en el microscopio. Cuando un artista encarga el diseño de su libro es, en definitiva, una invitación a navegar las aguas de su metáfora.

Las decisiones editoriales junto a un ejercicio de pensamiento, hacen de la experiencia estética un encuentro apasionante entre el arte contemporáneo y la práctica de la disciplina del diseño, al servicio de un devenir discursivo, del orden de las imágenes, de la secuencia de las obras, de las pausas y silencios, las texturas de los diferentes papeles seleccionados y las tintas especiales, la tipografía neutra con un destello mínimo, un guiño al lector, los acabados de imprenta y, por supuesto la diagramación de las páginas.

Ver la obra de una artista toda reunida en conjunto, atraparse en su misterio, profundizar sus laberintos, resolver su mirada y acompañarla en los procesos tan complejos de este desarrollo editorial, me llena de felicidad.

Pero, ¿cómo crear un libro de arte sosteniendo la negatividad de la que hablan Adorno y Derrida​? ¿Cómo mantener esa superficie impenetrable de la obra, pero aún así abriendo hendijas por donde filtrarse, parafraseando a Sartre? ¿Cómo convidar el libro al lector, sin explicarle la obra? Quizá, cambiando la idea de lector por observador… En el libro (muy distinto de una sala de exhibiciones), la obra puede recorrerse con otro tempo​; ya no hay una frontalidad en la mirada, sino la creación de un tiempo para vincularse con la obra devenida en objeto libro. Devenida -en el caso de Astorga- en libro-objeto. Es un transcurr​ir suave sobre las páginas, sobre las hojas, ​y como hojas​ en el viento, dejarse caer, dejarse atrapar en la ensoñación que propone el artista.

ÓCULO

​Al aceptar este encargo de diseño, hablamos con Marcela sobre su obra. Hablamos mucho de “Óculo​”, las aberturas en techos de espacios olvidados, que evocan constelaciones. Y en mi compresión asmática de la vida (diría mi analista), esas aberturas son signos de esperanza por donde la luz abre camino, como la luz que siempre atraviesa el bosque.

Basados en el misterio de “Óculo”, le propuse a Marcela crear un libro para ser recorrido como un fantasma deambula un castillo: soledad, oscuridad, silencio, misterio, enigmas. “Quitemos todo verbo, títulos, epígrafes, incluso el foliado de las páginas. Propongamos al lector que mucho más sea un observador: un espectador. Démosle algunas pistas para que descubra, pero forcemos su mirada para que corra el velo. No le digamos lo que tiene que ver, no le expliquemos, permitamos que se pierda en los laberintos de tu obra”.

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ESPACIO HABITADO

Michel de Certeau, en un artículo titulado “Metáforas” en la Revista Quaderns 228, año 2002, distingue entre espacio y lugar. Un espacio, dice, es un lugar practicado.

Existe el espacio a partir de la toma en consideración de vectores de dirección, de cantidades de velocidad y de la variable tiempo. El espacio es un cruce de móviles. Se halla en cierta manera animado por el conjunto de movimientos que en él se despliegan. El espacio es el efecto producido por las operaciones que lo orientan, lo circunstancian, lo temporalizan y lo llevan a funcionar como una unidad polivalente de programas conflictivos o de proximidades contractuales. En relación al lugar, el espacio es lo que deviene la palabra cuando se dice, o sea cuando es tomada en la ambigüedad de un efectuarse, transformada en un término dependiente de múltiples convenciones, situado como el acto de un presente (o de un tiempo), y modificado por las transformaciones debidas a proximidades sucesivas. A diferencia del lugar, no se dan entonces ni la univocidad ni la estabilidad de un `propio´”.

En el lugar, la ley de lo “propio” impera: los elementos considerados están unos al lado de otros, cada uno situado en un lugar “propio” y distinto, que él mismo define. Un lugar es entonces una configuración instantánea de posiciones. Implica una indicación de estabilidad. Por el contrario, la práctica del espacio (o el lugar practicado) es siempre el relato de un viaje, ese transportarse, es en griego metaphorai. Un espacio es un lugar practicado, es transportarse en una metáfora. La metáfora que Astorga imprime en nosotros es, según mi íntima vibración frente a su obra, la del morir y renacer.

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LA MIRADA

La imagen existe para hacer visible el mundo invisible.

La mirada existe para crear una metáfora de ese mundo.

La imagen es una intención proyectada.

La mirada es un estado emocional.

La imagen, la mirada, la metáfora, son las puertas de lo invisible, van directo a la emoción como el aroma de un perfume.

Ése fue mi principio rector para este diseño, permitir que al abrir el libro, las imágenes tiendan a escaparse, se esparzan en el espacio más allá del cuerpo del libro​, y habiten otro espacio, el de los laberintos interiores del alma, y lo hagan con amplitud, con la expansión que la obra abierta de esta artista propone.

La mirada del artista hecha imagen arroja sobre el mundo el reflejo del dolor de no encajar en él,​ y lo hace en forma de metáfora, no de significado, sino de significante. Para los griegos, la metáfora era el transporte: se toma una metáfora para atravesar el mundo, se recorre el mundo en una metáfora.

La metáfora surge desde el abismo del ser, y sólo es posible cuando el sujeto estético se convierte “en una especie de tubo de resonancia del `en-sí´ de las cosas, un teléfono del más allá” (Nietzsche). En ese en sí, Sartre señala que el ser es lo que es, es en sí, en él no está presente la nada, ni la diferenciación, ni el movimiento, simplemente es, el ser en sí siempre es lo mismo, una roca, una montaña, es algo que nunca va a ser algo distinto de lo que es. Lo que resuena en Astorga es un estado de conmoción, de grado cero de ese ser que es, provocado por el temblor del paisaje, despojos de aluviones, escombros de terremotos, polvo de tierra sacudida por el viento Zonda, la oscuridad y el silencio del interior de la montaña.

Detenerse a mirar en ese resonar, que es una íntima vibración, al decir de Proust​, son elecciones sobre su ser; siguiendo a Sartre, es lo que le da esencia. La mirada de artista se convierte en su identidad, y ésta en su imagen, su huella, su rastro estético, su poesía, su visión poética, su metáfora, y en Astorga, su metáfora ahora es entregada (devuelta también) como una ofrenda sagrada a la montaña.

Pero hay una forma dominante, siempre presente en la obra de Astorga, una recurrencia. Esa forma en que lo material se deja caer al vacío, es más fuerte que cualquier otra idea que pasa a ser secundaria, por ejemplo, las fronteras, los muros, la piel, la casa. En la tensión de ese momento transicional, capturado en la decisión de suspenderlo no del techo, sino del tiempo diría, está la transmutación del cuerpo, la impermanencia a la vista. Y está también la revelación que no se produce de la que hablaba Borges. Lo incomprensible, el misterio insondable.

ALUVIÓN

Yo veía una violencia contenida en la obra de Astorga, pero me era indescifrable​, porque en sí, sus objetos parecen inertes, muertos, quietos, quedados, pero como si contuvieran una explosión que no sucedió. Me pasó esto al ver una obra muy representativa de Astorga que es una instalación de correas sobre pared, caen pesadas. Agudizando mi mirada, volví a ver esa forma con recurrencia en otras de sus obras, y siempre, esa violencia cautiva, como el magma de un volcán esperando su momento. ¿Pero qué era esa forma no dicha siempre presente en la obra de Astorga?

Me invadió una epifanía por haber comprendido esa imagen: era un aluvión. Según el diccionario, los aluviones son s​edimentos arrastrados por una corriente de agua, que quedan depositados en un terreno. Es una afluencia repentina y violenta de un río o arroyo debida a su desbordamiento.

​ En mi opinión, hay una superidea. Me refiero a una idea oculta, y es algo continuo en su trabajo, que no tiene que ver con el relato de lo estructural en términos de hormigón-techo-casa, sino más bien con lo formal, algo del mundo de los relojes derretidos de Dalí… Me tomé el exquisito trabajo de ir a s​u Web a buscar esto que sospechaba, que hay un modo formal (formal en cuanto a forma), que es una cascada de lo material y la gravedad, presente a lo largo de s​us años de desarrollo artístico.

Esa forma en que lo material se deja caer al vacío es más fuerte que cualquier otra idea que pasa a ser secundaria, por ejemplo, las fronteras, los muros, la piel, la casa. Pero no me equivoco, que ese modo de tratar lo material es un sello, no quiere decir ni por asomo que todo deba ser así, pero sin duda, refuerza la idea que esa forma es muy potente en sí misma, y no precisa ningún otro relato que “lo apuntale”.​

En cierta ocasión, le mencioné a Marcela: “No me equivoco al pensar que ese modo de tratar lo material es un sello, esa forma es muy potente en sí misma, y no precisa ningún otro relato que ‘lo apuntale’: dejalo que se precipite, que caiga, que se venza, que se venga abajo, que gravite y ya: es una obsesión. Ya encontré la palabra que no encontraba: protoforma. Esa forma constante en tu trabajo es una protoforma, una forma primaria, aluvional (otra vez algo vinculado a la gravedad, aluvión), tiene algo de esa imagen que seguro habrás visto muchas veces de la lava fluyendo pesada, hirviente, amenazante, que cae pero lento, no como cae la lluvia, sino como lo que se resiste a dejarse caer…​”.

Y Marcela respondió: “En Mendoza, el aluvión es mala palabra, provoca inundaciones. En la ciudad de Mendoza veía de niña los canales rebalsando de barro, que bajaba de las montañas. Recuerdo haber estado ahí observando cómo el barro se devoraba la contención. Quizás de ahí venga esa forma primaria…. ¡Excelente referencia! ¡Ni lo dudes que proviene de allí!

ESCOMBRO

​Sobre la muestra de Astorga en Zavaleta Lab, 2014.

Marce, sentí esto: “El escombro, aún rescatado, es siempre un elemento que sucede en el pasado, como diría Borges respecto de la lluvia​. Siempre es ruina, algo que ya no está en su lugar, o que, en tanto escombro, pertenece a un nuevo lugar. Algo que se desprendió. Algo que fue… Es de un modo quieto y pesado, una forma física de hacer visible la muerte. La empuñadura en plata, como joyería contemporánea sobre un cuerpo inerte, me recuerda a los cajones de madera, a los ataúdes. Y no digo que esto sea tu intención, sino que esto es lo que produce en mí. Desde que tengo este registro emocional, no puedo ver tu muestra de otro modo, mucho más estando, accidentalmente tal vez, frente a una iglesia cuyo sesgo arquitectónico en el transcurrir del tiempo, vos rescatás con luz, no con religiosidad de la luz divina, sino con la luz sagrada de la creatividad y la mirada aguda del artista”.

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​UNTITLED​

​Sobre la muestra de Astorga en Luisa Pedrouzo, 2012:.

Sólo tengo elogios a tu muestra, que está perfectamente editada en un espacio difícil por las aberturas, la escalera y el bicolor de las paredes… y dos o tres comentarios muy leves, ligeros ajustes, como que la obra de pieles precisa una luz rasante que la acaricie y no una luz puntual y detalles así. Pero no te escribo para eso, sino para esto: …llevo más de tres horas dando vueltas en mi cama, y no logro quitar la imagen retiniana que quedó grabada en mi memoria, así que decido levantarme a escribirte para intentar aliviarme. Hablo de la obra de los hilos rojos (Untitled, el tapiz, ​la voy a apodar ‘sangrienta’), que tanto me ha inquietado y creo saber porqué.

En lo manifiesto, un tapiz que se deshace para hacerse arte.
Rojos deshilados, sangre derramada.
Veo en la suspensión del objeto (que sé que sería muy distinto si acaso estuviese apoyado en el suelo), una ofrenda sagrada, un animal entregado a sacrificio…

En lo latente, una comprensión zen de la vida: la metáfora de la crisálida.

​La oruga que se convierte en mariposa.

​Dejar de ser para ser.

​Abandonar la vieja forma para abrazar la forma nueva…

En​ la tensión de ese momento transicional, capturado en la decisión de suspenderlo no del techo, sino del tiempo diría, está la transmutación del cuerpo, la impermanencia a la vista.

Dejar de ser para ser, es la idea de todas las ideas, la madre de todas las formas, la fuerza suprema, y es lo que me ha sostenido en estos años de tantas tribulaciones, la creencia del cambio como factor fundamental e inspirador de todas las cosas. Si estoy vivo y con deseo es porque pude comprender esta idea.

Esta obra merece un museo.

Con admiración.
Fabián

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Latido nuclea proyectos visuales contemporáneos argentinos, realiza exhibiciones de arte y diseño, y promueve libros y objetos de autor, así como productos de diseño. Fabián Trigo es su director creativo.

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