Visitar Milán en la semana en que se realiza el Salón Internacional del Mueble es una experiencia única e intensa. Este año, la exposición fue visitada por nada menos que 310.840 personas, de las cuales el 69% eran de origen extranjero, lo que certifica claramente porqué el “Made in Italy” es una marca registrada, y durante estos días, la ciudad es “el lugar” para ver hacia dónde va el diseño en el mundo.

Texto: Gabi López

Recorriendo la feria, es difícil definir una tendencia como absoluta, ya que es sumamente ecléctica, y abarca todos los estilos. Pero aún así, pude ver que la elegancia sigue siendo patrimonio casi exclusivo de firmas como Poliform, Minotti, Flexform, Cassina y Poltrona Frau, en donde los materiales como la madera natural, la laca, el mármol, el cuero, los terciopelos y gamuzas tienen acabados tan perfectos e impecables, que sólo dan ganas de acariciarlos.

Los sillones son cada vez más grandes, pero a la vez, están diseñados en sistemas componibles, conformados por varios cuerpos independientes que se pueden ensamblar o separar, y se agrupan formando eles o us, lo que permite mucha flexibilidad a la hora de achicar o agrandar un espacio, según la ocasión. También traen mesitas auxiliares laterales bajas, donde apoyar un vaso o un libro para estar siempre cómodo. Creo que cada vez más se diseña para una vivienda menos formal y más abierta a la vida social, donde las personas priorizan el encuentro.

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Hay una revalorización del espacio, de poder vivirlo en toda la superficie disponible, y la luz y las alturas también juegan papeles fundamentales. En base a esta nueva manera de vivir, el mobiliario se fue adaptando, y entonces vemos livings conformados por tres mesas ratonas pequeñas, de tres materiales distintos, como mármol, madera natural y laca color que agrupadas, forman un conjunto de bello contraste, pero que a la vez se pueden separar para funcionar como apoyo de manera independiente. También uno de estos tres elementos suele ser un puf o banqueta, ya que la idea fundamental es que un mismo mueble sea multifunción, para dar más de una respuesta en el uso.

Como colores destacados en sillones, destaco tres: el azul (en linos, terciopelos y cueros, en su variante azul Francia, como también en su versión azul petróleo, más verdoso), el bordeaux, malbec, borravino (muchísimo en los terciopelos con texturas matelassé, que le otorgaban lujo y suntuosidad al ambiente), y el naranja, calabaza, óxido (otro de los tonos que sigue en vigencia). Todos estos colores van combinados con gris y negro.

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Las firmas para mí más cool y cancheras de la feria son Gervasoni y Baxter. Gervasoni no se equivoca al afianzar su alianza estratégica con la diseñadora Paola Navone, quien continúa elaborando el mobiliario más ecléctico, pero con “más onda” del mercado. Es la maestra de las mezclas (hay que saber mucho para lograr este resultado exitoso). Así, pudimos ver roperos con puertas tapizadas en cueros ecológicos capitoné, mezclados con sus eternas lámparas colgantes de material sintético imitando fibras naturales, entre mesas de tapas de espejos con base de troncos y sillones tapizados de telas batik, con infinidad de almohadones que invitaban a zambullirse a un descanso adolescente del dolce far niente.

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Como siempre, las paredes estaban íntegramente recubiertas de espejos con formas de rosas, en blanco y en negro, sobre paredes de ladrillos blancos de absoluta informalidad. La novedad allí fue el uso del color rosa en alfombras mullidas que, junto con el bordeaux y el blanco, componía una atmósfera en degradée, sumamente suave y juvenil.

Baxter, con sus eternos cueros gastados y sus terminaciones de alfombras con flecos y galones, terminaban de definir el sector más trendy de la muestra. “Menos es más” sigue siendo el lema preferido de la firma MDF, cuyas bibliotecas de estantes voladizos sin laterales que parecen flotar, siguen siendo su bandera insignia.

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El material que más me cautivó fue el vidrio. Lo vi en distintos equipamientos, como algo fuera de lo común, y para lo que se requiere mucha tecnología. La colección de mesitas que Patricia Urquiola diseñó para la firma Glas Italia me cautivaron. Eran redondas, para uso de costado, de color tornasolado y, según el ángulo de incidencia de la luz, cambiaban su color.

Los armarios y vestidores que presentó la firma Rimadesio (diseño de Giuseppe Bavuso) eran impresionantes. Cajas de contenedores acristalados para poner la ropa, con fondo de varillas de aluminio y LEDs ocultos, de verdadera belleza y elegancia, en donde el único inconveniente será mantener el orden, ya que todo queda a la vista.

Y por último, también de la firma Glas Italia, dos prismas etéreos de cristal -que a modo de roperos, y bajo la firma del genial diseñador Tokujin Yoshioka-, guardaban dentro de sí dos kimonos blancos de seda, símbolo de síntesis y pureza absoluta de la forma.

Como producto destacado, este año, puedo señalar las alfombras y carpetas que, de tantos diseños sorprendentes, se terminan por convertir en verdaderas obras de arte. Muestra de esto, fue el abanico de amplio registro que presentó el célebre diseñador Marcel Wanders en su flagship Moooi del barrio Tortona, con carpetas de furibundos floreados ultra románticos, hasta celestiales galaxias del universo.

Y dentro de este producto, celebro la reinterpretación de los kilims turcos y afganos que realizó la firma española de alfombras Nanimarquina, con una colección súper colorida y novedosa, que adopta el espíritu de estos tapetes ancestrales, reinventándolos para el mundo contemporáneo. Milán fue, sin duda, ¡una verdadera fiesta de los sentidos!+

Esta nota se publicó en la edición #53 de Revista 90+10

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