La no reseña del segundo libro de historietas de Juan Vegetal.

Texto: Patricio Oliver

Hace varias semanas que llegó a mis manos una copia del nuevo libro de Juan Vegetal, y por un motivo u otro, postergué su lectura. Debo decir que el hecho de que me hablaran tanto del segundo libro de Juan, activó un mecanismo medio automático de reacción que hizo que se me generara algo así como un rechazo a leerlo. Y esto no paró ahí, varias veces salió mencionado en charlas con otros historietistas, donde varios me recomendaban su lectura (admito que cuando me recomiendan mucho algo, suelo ponerme en negativo al respecto, y predisponerme bastante mal).

El domingo 24 de diciembre pasado me encontraba en mi casa, haciendo nada, dominado absolutamente por la fiaca de la víspera de la navidad, cuando pude observar cómo Ciber-city se asomaba de entre una pila de libros por leer, casi como increpándome. Éste sería el intento número cinco -y el final-. Ni bien lo abrí, pensé: “¡Uff! Esto va ser imposible de entender y leer -y seguro- lo voy a dejar por la mitad”. Pero sin darme cuenta, ya había leído casi todo el libro.

Es que con Ciber-City, no sabés si estás leyendo una genialidad, o lo peor que viste en la historieta de los últimos tiempos (bueno, estoy exagerando para darle más dramatismo al asunto). Realmente, es dificil de explicar y -claro- mucho más hacer una reseña o crítica (cosa que nunca hago). El estilo de Juan es como de collage en lápiz; explota de color y de memes, y pega saltos entre ser milenial o retro. Pero un retro de lo retro, desde 80 a 8 bits, a 16 bits a principios de los 90, a estética powerpoint, a geo cities, UOL, MIRC, ICQ, banner de publicidad, pop up y el locutorio, que es el epicentro de todo.

Internet es la conexión hacia todo, pero nada de Wi-Fi ni de banda ancha; esto es dial-up y se escucha el módem haciendo ruido para conectarse. Y la mascota de Outlook aparece y todo se asemeja a Tevecompras o Sprayette. Muy argentino, y muy comienzo de la invasión de los 90 con Internet. Como si fueran un emoticón de papel encuadernado, los personajes de Vegetal mutan, se deforman, viajan en el espacio, te interpelan, te perturban, te molestan.

No puedo no transportarme a mi adolescencia en los 90s con los primeros años de MTV Latino, con liquid television, The Head y los primeros capítulos de Beavis y Butt-Head. Pero no en una animación como las actuales (hablo de esa animación visceral, entre mal hecha y sucia).

Este libro se anima solo todo el tiempo, y si fuera en RGB y no en CMYK, seguramente, tendría un aviso de cuidado para epilépticos. Esa misma tarde lo comenté en un chat grupal, y hasta le saqué fotos a unas páginas. Y una amiga me contó que mientras lo leía, recurrió a una página donde decía “Me gusta estar solo”, y se la mostró en ese momento a una chica que le fue a hablar cuando le interrumpió su lectura. También posteé en Instagram que estaba leyéndolo y lo taguee a Juan, y le dije que me quemó el cerebro. Y creo que él se puso muy contento al respecto.

Queda claro, entonces, que esto no es una reseña, ¿no? Que sólo estoy contando lo que me pasó al leer Ciber-city. El libro fue publicado por Waicomics, y se costeó a través de una campaña en la página de Ideame. Según dice ahí, la mayoría del material era inédito y la tapa e interiores son de El Waibe, Ivan Riskin y Jose Sainz.+ ¯\_(ツ)_/¯

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