De la autora rosarina Jazmín Varela, Guerra de Soda es autobiográfica. Y si existe alguna duda, sólo hace falta ver la serie de fotos de su niñez que acompañan su primer libro de historieta a modo puente conector entre su obra y sus vivencias.

Texto: Patricio Oliver

Toda la simpleza de lo cotidiano de la vida de una nena durante los años 90, explota en estas páginas como si fuera una gran aventura. La emociones de la protagonista van dándole el ritmo anímico a esta epopeya costumbrista. O simplemente, es imposible no sentir que cada detalle de este libro retrotrae recuerdos comunes colectivos de las infancias de los lectores y la autora.

Aún cuando Jazmín Varela sea una niña post 80, existe un rasgo anacrónico en las experiencias que su personaje vive. Ya desde la guarda interna del libro, la lluvia elementos nostálgicos se hace presente: galletitas Sonrisa, helados, fotos, panchos y sifones de soda, van anticipando hacia dónde nos va a llegar esta pequeña Jazmín.

Cada emoción parece ser vivida por primera vez, cada experiencia parece ser una prueba piloto en los pocos años de la protagonista. Adaptarse, sufrir, disfrutar, sorprenderse, aburrirse; todo parece nuevo y sin filtro, y con la energía espontánea de quien vive todo de manera súper sincera. Hija única de padres separados y en entornos nuevos, donde pertenecer tiene su peso emocional y donde el valor simbólico de lo material cobra fuerza en la validación social.

Todo lo que ocurre cobra otra dimensión, cuando se observan los espacios donde transcurren. Varela no es nada tímida la hora de describir visualmente sus recuerdos espaciales. Desde los interiores, a lo que ocurre al aire libre. La calle, las mesas, las sillas, las plantas, los pisos, la decoración, las góndolas, lomas de burro, piletas, baldosas; todo es un listado casi obsesivo (y un regalo para quien lee el libro, ya que no deja nada fuera de su registro y permite construir casi en detalle cada memoria).

¿Quién no ha sufrido un ataque de piojos? ¿Quién no ha tenido una aventura en bicicleta? ¿O estar incómodo en un cumpleaños donde se siente fuera de lugar? Y lo que tal vez a la distancia cobra menos peso e importancia, de golpe, en este libro, vuelve a tener ese carácter tan intenso, por las emociones que despierta la infancia.

La ilustradora y cofundadora del Festival Furioso de Dibujo, en sus obras anteriores Crisis capilar (EMR, Rosario, 2016) y en su participación en la antología El volcán. Un presente de la historieta latinoamericana (EMR-Musaraña Editora, 2017), ya había hecho despliegue de su relato urbano y costumbrista. Ahora, en Guerra de Soda -publicada por Maten al mensajero-, esto estalla es muchas más dimensiones, y permite una visita directa al pasado de jazmín y a las emociones de su yo “niña”, creando una obra hermosamente sincera y con una voz femenina, muy necesaria en la historieta actual.+

¿Te gustó la nota? Dejanos tu comentario.

comentarios

Send this to a friend