En la era en la que lo digital domina, pasar y mezclar música con discos de vinilo no parecería ser la opción más práctica. Pero estos expertos argentinos aseguran que, más allá de las modas, el formato nunca perdió su lugar.

Texto: Lisandro Ruiz Díaz

En la última década, la movida de los disc jockeys ha crecido fuertemente en todo el mundo; principalmente, de la mano de los avances tecnológicos. Hacer música mezclando pistas y canciones ya existentes es mucho más simple cuando no se necesita ir alternando entre soportes físicos (vinilos, CDs, cintas) y se puede tener una millonada de tracks digitales a mano, listos para la acción. Esa accesibilidad casi instantánea tentó a cientos de miles de jóvenes que descubrieron una nueva forma de producir música, e incluso, DJs de la vieja escuela decidieron migrar y abandonar para siempre el hecho de tener que transportar música “en estado sólido” y limitarse a eso cada vez.Pero hay quienes resisten. La aparición de una nueva tecnología puede ser una revolución en ciertos aspectos. Pero para algunos, no es un remedio imbatible, o siquiera algo que despierte interés alguno.

En Buenos Aires, detrás del mostrador de la tienda de discos usados El Peringundín, está Ezequiel Lodeiro: un DJ que no sólo mezcla, sino que también comercializa, explora, investiga y respira vinilos en todo momento. “Aparece material todos los días, de diferentes épocas y estilos. ¡Es infinito y es lo que más me apasiona!”, nos cuenta, entusiasmado con la idea que el vinilo representa: la de descubrir constantemente música que no conocía, pero que había estado dando vueltas desde hace mucho tiempo.

EL RESCATE

Según explica Ezequiel, entre los años 1995 y 2015, el formato del vinilo sobrevivió exclusivamente gracias a los DJs que siguieron usándolo y a los sellos independientes, “pequeños, de música dance”, que los fabricaban.

Fue por esos tiempos cuando Nekro (ex-Fun People, ahora al frente de Boom Boom Kid y, cada tanto, un gran DJ de vinilos “de todo tipo”) se hizo con su capital de vinilos: “Adquirí gran parte de mi colección en esa época, cuando los discos salían monedas, o la gente tiraba los equipos y discos a la calle, porque estaban todos queriendo adquirir CDs, que era la nueva tecnología del momento”, dice. Aún en sus ratos libres, sale también a revolver bateas.

“No siento que los vinilos me limiten en nada; a mí me permiten sobre todo relajarme y bailar. Me parece bien que haya habido un renacimiento del formato”, cuenta el cantante en relación al fenómeno que se dio en los últimos años, a nivel de cantidad de ventas y lanzamientos. Para Lodeiro, fue simplemente una cuestión de tiempo hasta que el vinilo pudiese volver a estar en el foco: “Una vez que los iPods y las computadoras de la gente se saturaron con infinidad de carpetas conteniendo música que finalmente no podrían escuchar ni en tres vidas seguidas, se volvió a dar valor al objeto”.

SERVIDO EN BANDEJA

Al momento de hacer música, la diferencia está marcada. “Son diferentes herramientas que conviven. El vinilo siempre estuvo; no es algo ‘de antes’, sólo se agregaron otras herramientas que hacen más fácil y barata la profesión”, explica Carlos Alfonsín, una eminencia en la escena musical de nuestro país, activo desde hace tiempo en unas cuantas ramas artísticas (desde director artístico de Soda Stereo hasta un próspero paso por el cine y la TV), y exclusivamente músico desde los 90. “Siempre usé vinilos; nunca dejaron de fabricarse”.Para él, cualquiera puede hacer mezclar discos si se lo hace con una computadora. Con vinilos no es fácil. “Pero es como si le sacaras la calculadora a un matemático y no supiera sumar”, comenta.“Ves el arte de tapa, el diseño del sello, lo leés instantáneamente, contás los surcos y ponés la púa”, dice Loderius, y contrapone: “Con lo digital, mirás una pantalla y scrolleás buscando un track, y siento que eso te aleja de la calidez de la música”. Está claro que lo físico y palpable es difícil de reemplazar pero, ¿podemos hablar de pros y contras de ambos lados? “Tenés una infinidad de posibilidades y aspectos positivos, pero yo simplemente no lo siento. También, a veces puede ser poco práctico cargar con un bolso de 50/70”, agrega.

También existe cierto temor. Lo digital no puede tocarse y, por ende, no parece fácil de controlar. No es como una pieza de hardware que se acomoda de un sacudón; lo virtual existe de otra manera, y puede generar desconfianza: “Lo que más me resulta son las CDJs de Pioneer que, si bien las uso con pen-drive, siempre grabo 2 ó 3 CDs para tener de back up. Me cuesta confiar del todo en lo digital. He visto cómo se cuelgan computadoras o pendrives en plena fiesta y es la peor pesadilla. Si está rayado, el disco salta, pero podés levantar la púa y adelantarlo un poco, darlo vuelta, lo que sea. No te va a dejar a gamba jamás”.

Para Alfonsín, el vinilo está “de moda” porque está volviendo a ser comprendido. “Ya se entiende que con las nuevas tecnologías cualquiera puede ser DJ, pero en el medio se respeta más al que sabe de verdad hacer su trabajo”, afirma el artista, aunque aclarando: “Son muchos los que sí saben, pero igual eligen lo digital, porque así pueden enriquecer sus sets, agregando cosas, remixando en vivo. Todo es válido y convive”.

Está claro que lo verdaderamente clásico nunca se agota y sobrevive a cualquier novedad, sea algo efímero o un avance que llegó para quedarse. Cuando no puede competir, se acopla a algo moderno. Pero siempre mantendrá sus infinitos encantos. “Cuando hace calor en la cabina, me puedo abanicar con un vinilo. Con un MP3 no se puede”, se despide Carlos al terminar la entrevista.+

 

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