Crónica de una visita inesperada a una muestra en Nueva York de la artista Karen Bystedt sobre la imagen de Andy Warhol.

Texto: Erika Bucholc

Amo las ciudades que fluyen por sí solas. Que tienen vida propia. Que no te dejan planear. Que si planeás, tenés que volver a re-planear y dejarte guiar por lo que ella misma tiene para darte. Nueva York es una de estas ciudades.

Una tarde lluviosa de rabioso otoño en Nueva York, fui en busca de unas botas y un piloto. Salgo del subte, subo las escaleras, y en las peripecias de saltar charquitos y engañar al clima, caigo en la cuenta de que estoy yendo para el lado opuesto a mi destino. De repente, levanto la mirada y, antes de poder dar la vuelta, veo una gigantografía de Andy Warhol en el interior de una galería.Con gran asombro, entro. Me encuentro con una mujer, su perrito y una inmensa galería llena de cuadros con la cara del mismísimo artista. Todos intervenidos con diferentes técnicas: graffiti, manipulación fotográfica, acrílico en canvas, collage, etc.

La recorro con mucha admiración y, al cabo de unos minutos, veo que la mujer se me acerca. Nos ponemos a charlar y comienzo a atar cabos. Ella es -ni más ni menos- que Karen Bystedt: una artista visual y fotógrafa nacida en Israel, reconocida mundialmente. Pero sobre todo en Londres, San Francisco y Los Ángeles; todas ciudades en las que residió.De joven, allá por 1982 y como parte de sus prácticas en la universidad neoyorquina NYU, llamó a Andy Warhol y le preguntó si posaría para su proyecto en procreso como “uno de los mejores modelos masculinos de la época”. Karen se inspiraba en la campaña realizada por Andy para la cadena de tiendas departamentales Norteamericana Barney.

Para su asombro, Andy estuvo de acuerdo de inmediato. Un año después, Bystedt presentó dos de las treinta y seis fotos tomadas ese día en su libro, “Not Just Another Pretty Face” publicada por Nal, y luego colocó los negativos en varios lugares, donde después de años los perdió.

“Yo era joven, hippie e ingenua y me mudaba mucho”, me cuenta Karen. “En mi juventud, le hice fotos a Brad Pitt, Johnny Depp, Robert Downey Jr., Sandra Bullock, Jared Leto y Keanu Reeves, entre otros, sin saber lo que tenía en mis manos. No lo supe aprovechar”.

Veinticinco años después, se sintió espiritualmente obligada a buscar sus amados negativos de Warhol y en 2011, se obsesionó y encontró diez negativos que logró restaurar. Y decidió sacarle el máximo provecho a ese material. “Rastreé mi agenda en busca de todos los artistas que conocía que creía podían colaborar para esta obra y los convoqué”. Peter Tunney, Speedy Graphito, Gregory Siff, Bradley Theodore y The producer BDB fueron algunos de los convocados. Todos artistas visuales contemporáneos con diferentes betas relacionadas al “fine art”. Les contó cuál era la idea y pusieron manos a la obra.

Así fue como Karen Bystedt revivió las imágenes que hoy son la base de la colección The Lost Warhols. Un artista con múltiples facetas, que logró su reconocimiento convirtiendo en íconos a celebridades de Hollywood, marcas, objetos, etc., y que años después, elevó a su propia persona al nivel de un ícono popular. Andy Warhol y Nueva York: dos grandes íconos con un arte tan perdido como su capacidad de encuentro.+

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