Luna Portnoi encontró los colores necesarios para transformar sus deseos en su voz artística, llenando todos los espacios que se le interpusieron, dejando de lado cualquier limitación.

Texto: Lisandro Ruiz Díaz

Alguien la llamó alguna vez “la mujer sin edad”. Y su obra tampoco tiene límites: sus tramas coloridas y sus líneas entre la infancia, la magia, las emociones y el cosmos se repliegan por telas, esculturas, murales y hojas de papel, buscando contagiar una pasión, generar una exaltación de los sentidos. “Mi trabajo habla mucho de lo lúdico, de conectar con la fuente interna de creatividad. Cada espectador tiene su propio sentir con las obras, pero los que conectan lo hacen profundamente”, explica Luna Portnoi.

Arrancó como diseñadora de indumentaria, un trabajo con el que logró llegar bastante lejos, pero con el que no sintió que estaba expresándose completamente. Su deseo interno terminó canalizándose en la pintura, un terreno en el que, autodidacta, comenzó a imponer rápidamente su nombre.

De pronto, comenzó a llamar la atención del público y de las marcas, que acudieron a ella con todo tipo de propuestas, convirtiendo una tarea casi catártica en su profesión.

LUZ DE LUNA

Descubriendo y descubriéndose a través de su arte, Luna hace de su obra un juego con pocas reglas, muchas piezas e infinitos tableros: “Me gusta explorar y experimentar sobre nuevas superficies. De esa manera, pruebo nuevas técnicas, materiales y expando mis conocimientos y capacidades”, dice, sosteniendo que lo que hace llena todas las aristas de sus días y puede influir en todo, y nutrirse también de todo: “El arte es una profesión muy introspectiva, y te hace revisar y reflexionar constantemente”.

A pesar de que gran parte de su carrera se basó en llenar de color distintos espacios y soportes, sus libros para colorear (“Los Sueños de Luna” -2016- y “La Magia de Luna” -2017-) se vendieron por toda Latinoamérica, e invitaron a otros a hacer ese mismo trabajo: “La idea de sugerir y que mis obras tengan variables infinitas es el objetivo con esta propuesta. Que sea interactivo y que cada uno le aporte a mi obra, me fascina. ¡Está siendo una increíble experiencia poder ver el resultado con el aporte de los demás!”, comenta.

Quizás también por eso decidió compartir lo suyo en talleres y workshops: una de las cosas que más valora, dice, es poder extender todo su conocimiento hacia los demás, y poder ayudar a que las personas conecten con su potencial creativo. Desde su Taller de Formación Artística, que dura tres meses, ve transformaciones, revelaciones y “cosas maravillosas todo el tiempo”. “Me hace muy feliz poder acompañar a mis alumnos en este viaje hacia la creatividad, y me expande y multiplica a mí también”.

EL ESPECTRO MUTANTE

Si bien el dibujo y la pintura fueron siempre parte de su historia (un hobbie casi ineludible desde muy chiquita), el nuevo disparador inicial fue esa cosquilla, ese deseo tan intenso que molestaba, de expresar y esparcir una pasión. En la pintura encontró el lugar auténtico y lo suficientemente dinámico y lúdico como para reflejar su incomodidad con lo que la rodeaba. Transformarla valiéndose de una paleta de colores brillantes, que generan un impacto directo, un “efecto multiplicador” que ataca primero a los ojos y luego al corazón. Movilizan, intercalan.

Luna sueña viajar, seguir creando y compartiendo arte. Expandir su alcance, llevar sus obras y sus workshops por todo el mundo. De alguna manera, más que un sueño es una proyección, y un plan que se está llevando a cabo constantemente. Pintó muebles, autos, guitarras, bicicletas, murales y va por más superficies. En más contextos. Para más gente.

Habiendo llegado a vivir de las artes plásticas casi en un inocente intento por hacer público un sentimiento, la pintora logró asentar las bases de un estilo propio, con un sello inconfundible. “Creo que una vez que encontrás tu voz, tu trazo y un estilo único, podés ir variando en el tiempo y manteniendo la esencia, que es lo que hace evoluciones y que sigas siendo genuino”, expresa.+

 

UN CLÁSICO IMPARABLE

El estilo Freestyle se renueva en las nuevas Reebok Freestyle Hi Nova. Con su parte superior de cuero sintético en colores blanco o purple y las tres almohadillas icónicas en el cuello, la comodidad se traslada al uso casual y el clásico estilo diario.

La suela exterior de caucho moldeada con pequeños tapones otorga mayor tracción en superficies firmes, mientras que la entresuela de eva brinda una mejor amortiguación y absorción de los impactos.+

 

 

 

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